Estos días son multiples los intercambios de wattsapp preguntando que queremos de regalo, intercambiando listas de deseos o soñando un poco con el regalo perfecto. Los dominicales de los periódicos se llenan de imágenes de regalos clasificados por categorías y los blogs nos enseñam listas de regalos, unas veces patrocinados y otras no, con imágenes tan bonitas que empiezas a suspirar por todos ellos.

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Pero yo lo siento pero no quiero nada en particular, corrijo, nada en particular salvo experiencias.

fin de semana en Londres para dos

No quiero un perfume caro, ni el bolso de marca fetiche de este año que cueste una millonada y que se pase de moda con sus logos en dos temporadas. No quiero una agenda mona, ni una nueva cámara de fotos (bueno eso sí, pero como tengo dos buenas de las que estoy enamorada no vamos a abusar)

Aventura en moto por Alemania

Con el paso de los años te das cuenta de que de lo único que permanece en tu mente y tu corazón son las experiencias que te aportaron algo diferente. Ese viaje con tus amigos en el que hubo mil anécdotas, el curso de cocina en el que el chef se bebió siete cervezas y seguía cocinando tan pancho, el finde de escapada con tu marido sin niños a una Valencia llena de sol…

Imagen Taller de cocina y fotografía

Me preguntan cada día que quiero por reyes, por navidad y tengo que decir algún detalle que le solucione un poco la papeleta a los míos, pero a nadie le puedo decir claramante, regálame una experiencia inolvidable, y que no venga en una caja de esas que venden en el Corte Inglés, sino que la persona que me lo regale piense en algo y lo organizce. Da igual si cuesta 30 o 300. Pero que deje huella y lo recuerde toda la vida.

Café para dos en Lisboa en viaje express

Espero que este post lo lea el que tiene que leerlo 😉 pero vamos a darle ideas. Cuéntame, ¿que experiencias te han dejado huella? ¿Cuál recomendarías sin dudar para alguien como yo?

Regalar es muy bonito pero dejar huella lo es aún más.

Besos

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