Palabros o no, lo cierto es que los otoños ya no son tales y los inviernos lo son aún mucho menos por estos lares. Otoño en Madrid es casi casi un verano alemán, y el invierno madrileño viene siendo los dos últimos años algo así como un invierno suavito, tipo costa del sol… Por eso ponerse en modo «navidad», liarse a hacer fotos pensando en cenas calientes, abueletes vestidos de rojo y ropa de brillos fiesteros me resulta imposible con este sol de justicia que entra por mi ventana, y que a…(espera que voy a ver la fecha) 10 de octubre, me obliga a encender el aire acondicionado a primeras horas de la tarde cuando vuelvo a casa.

Pero no hay como volver la vista atrás, repasar mis años mozos alemanes, sentir aquellos fríos, las primeras nevadas, o las aún peores lluvias gélidas, que hacían que mandar a mi pequeña Clarita al cole a las 7:30 de la mañana a mediados de octubre fuera casi casi como enviarla de expedición polar con Amudsen, para ponerse en modo Fiestas.

Pongámonos pues en modo «veroño» u «otierno» y repasemos esas pequeñas cosas que debemos empezar a tener en mente si lo que nos gusta es saltarnos las fistas de Halloween, que ya sabéis yo no puedo con ellas. La primera rescatar el Herbario que hizo mi hijo para su cole y enmarcar algunas láminas, Hay auténticas maravillas y el descansillo del ascensor que comparto con mi vecino pide a gritos un restyling completo, (vecino encantador que me ha dicho que haga lo que considere porque se fía ciegamente de mí 😉

Comprar. Sí, sí, uno de los verbos favoritos de los que tenemos hijos adolescentes. Pero esta vez lo hago mío; comprar zapatillas para no quitármelas de los pies en todo lo que queda de año. Me gustan mucho mis adidas Gazelle…

pero teniendo en cuenta que están un pelín destrozadas, y que la suela es muy fina para invierno, me voy a buscar éstas campus tan chulas en algún color que vaya con todo.

¿Azul marino o granate? Las veo en negro por todas partes pero sinceramente cuando las veo «tan de moda» dejan de interesarme un poco, prefiero ir por mi cuenta y buscar un color que me guste a mí, no a los demás. Aunque, ¿para qué negarlo? parece que en negro quedan bien con todo…

Otro proyecto es convertir ésta foto de un conocido street art de Williamsburg que hizo mi hijo mayor el pasado verano, en un gran póster y colgarlo en algún lugar estratégico…

Lo bueno es que al tomar la foto en vivo y en directo con una buena cámara la tengo el resolución alta, ideal para mandarla imprimir muy muy grande. La frase no puede ser más genial, además de una verdad absoluta. Siempre hay grandes creativos, artistas que son los primeros y después de ellos vienen una infinidad de copias. No obstante, no es consuelo de nadie, porque llega un punto en el que alguien olvida quién fue el primero, quién se inventó aquel concepto que ahora otros repiten hasta la saciedad, afortunadamente perdiendo el puntito mágico del original…

Y por último, proyecto otierno copos de hama beads. Este año mis paquetes de regalo van a ir decorados con copos hechos a mano de hama beads. Tengo que empezar pronto porque Clara no me puede ver hacerlos y tendré que robarle ratitos a mi trabajo en la oficina de Holamama para ir haciéndolos. En internet hay muchísimos ejemplos, y lo mejor de todo es que las hama beads en kit, con base y papel de planchado (para que se queden bien pegaditos) son una de las novedades que nos acaban de llegar y que espero poner a la venta ¡mañana mismo!

Veroño y otierno allá vamos.

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